Hay fotografías que simplemente nos recuerdan un momento y otras que consiguen hacernos sentir algo cada vez que volvemos a mirarlas.
La etapa de la comunión es una de esas etapas que, cuando la estás viviendo, parece que va a durar mucho más de lo que realmente dura: preparativos, ilusión, nervios, el traje o el vestido, los pequeños detalles… y, mientras tanto, ellos siguen creciendo.
Por eso, para mí, una sesión de comunión no consiste simplemente en hacer fotografías bonitas de cómo va vestido, consiste en guardar cómo era él o ella en ese momento de su vida. Su mirada, su forma de sonreír, su manera de moverse, ese gesto que reconocéis inmediatamente porque sabéis perfectamente que es suyo.
Porque dentro de muchos años, cuando volváis a mirar esas fotografías, quiero que no veáis solamente a alguien vestido de comunión, quiero que sigáis viendo a vuestro hijo. Y que, al reconocerlo en una fotografía, aparezca ese sentimiento tan difícil de explicar que tenemos cuando miramos a nuestros hijos y pensamos: Mira cómo era… y cuánto ha crecido.”



La naturaleza también puede convertirse en vuestro escenario
Si preferís un recuerdo más natural y espontáneo, podemos llevar la sesión al exterior y dejar que el propio entorno forme parte de la historia.
En lugar de construir los escenarios dentro del estudio, buscamos una localización que nos permita trabajar con diferentes ambientes y aprovechar la luz de cada momento. Un embarcadero, una zona arbolada, una zona de agua, un espacio abierto, la luz del atardecer… cada lugar nos ofrece una fotografía diferente.
Durante la sesión iremos recorriendo distintos espacios y combinaremos fotografías más cuidadas con otras en las que el movimiento y la interacción tengan todo el protagonismo. También habrá momentos para fotografiar los detalles del traje o vestido, fotografías con hermanos y familiares y, sobre todo, momentos en los que podamos olvidarnos de la cámara y disfrutar de la experiencia.
La dirección está presente, pero no buscamos que toda la sesión se convierta en una sucesión de poses. Vamos creando situaciones, conversando, haciendo que todo resulte natural y aprovechando esas expresiones que aparecen cuando nos sentimos cómodos.
Y, al igual que en el estudio, vosotros no tenéis que decidir que hacer en cada momento. Nosotros conocemos las localizaciones y sabemos cómo sacar partido de cada espacio y de la luz para construir una sesión variada y completa.

¿Estudio o exterior?
No hay una opción mejor que la otra, son dos maneras diferentes de contar esta etapa.
Si buscáis una fotografía más artística, cuidada y pensada hasta el último detalle, la sesión en estudio nos permite crear escenarios diferentes y trabajar cada imagen de una forma totalmente personalizada.
Si preferís que el entorno, la luz y el movimiento formen parte del recuerdo, la sesión en exterior nos permite contar la historia de una manera más natural y espontánea.
En cualquiera de las dos opciones encontraréis fotografías individuales, retratos, momentos con hermanos y fotografías familiares, la diferencia está en la forma de vivir y contar la experiencia.
Y si todavía no tenéis claro cuál encaja mejor con vosotros, no pasa nada. Cuando nos escribáis, os ayudaremos a valorar las opciones y a elegir la que mejor se adapte a lo que estáis buscando.


Antes de decidirte, quiero contarte algo

¿Empezamos a crear este recuerdo?
